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| "Fuera de la realidad" Otro Tavella y Los Embajadores del Buen Gusto. Yaugurú. 2017 |
miércoles, 8 de noviembre de 2017
"Fuera de la realidad", de Santiago Tavella
¿Una antología cantada? ¿Un disco de poemas? Híbrido entre libro y CD este Otro Tavella nos presenta sus canciones "Fuera de la realidad". Si bien no es la primera vez que poemas y canciones van de la mano (recuerdo discos como "Sic Transit" de Rossana Taddei, o "Poemas" de Samantha Navarro, que tienen logros logrísimos), Tavella propone algo difefente, aompañar el espíritu de un texto con una canción. Así entonces aparecen prosas poéticas y poemas de poetas ya consagrados de la literatura contemporánea uruguaya, como Aldo Mazuchelli, con otros de jóvenes emergentes como Juan Manuel Martínez -sin duda un pendejo que promete y cumple con su talento-. Allí, los temas y los poemas comparten ese hilo, un algo que los ata logrando un producto que, sin duda, se postula para algo trascendente. Alta calidad en sonido, letras, músicas y una interpretación vocal (no hablo necesariamente de afinación) una forma del fraseo que es bien poco frecuente en los cantantes de rock, como si por momentos Tavella cantara tangos, canciones folklóricas, ciudadaneses y criolleses con una impronta que desgraciadamente se ve muy poco en el rock. Lindos arreglos; hay baladas, cumbias, milongas tangueadas en un 3+3+2 eléctrico que hacen un gran disco. Puntos altos: "Un amor cualquiera", "El amor es de nadie", "Baile de mierda"; "Sacerdotisa de Afrodita", "Las vecinas de Satán", y "La sirena de El Pinar". Alto disco/broli. Una locura de Tavella y Yaugurú.
sábado, 21 de octubre de 2017
"Electrónica", de Enzo Maqueira
Enzo Maqueria construye, con "Electrónica" una novela en crisis. Una generación conflictuada, personajes que están entre el esplendor de sus vidas y carreras y el abismo peligroso del ridículo, de la vejez, ese momento en el que te das cuenta de que quizá ya no sos tan joven, que quizá tenés que trabajar más y más serio, que los amigos de la niñez no están, que quizá tus viejos un día se mueren.
Tomando como referencia ese capítulo de "Los Simpsons" en que Homero se da cuenta de que lo que él cree "la onda" ya no es "la onda", los personajes de la novela transcurren una fiesta eterna en el pasado y un presente continuo de resaca, de pensar "por qué", "para qué", el momento en que las fiestas son cada vez más cortas y las resacas largas. La profesora es la protagonista de esta rave en etapas finales, su amigo el Ninja la acompaña así como el recuerdo de una Natasha que ha desaparecido pero guarda una sorpresa. Todas las drogas, los alcoholes, la adolescencia cada vez más cerca de un recuerdo, una pareja que fracasa, querer o no querer vivir solo. A modo de amarre a la juventud, La Profesora se enamora de un pendejo de dieciocho años, Rabec, que la hace sufrir entre la pasión y el patetismo de ser "la veterana que me estoy comiendo". La vejez y la muerte rondando todo. La narración se construye desde las voces, narradores confusos e inciertos que van desde la voz interior a la voz de un ahora que marca la acción, ésto sin distinción alguna, construcciones similares a "La profesora mira por la ventana, viste que el auto se ponía en marcha" se repiten dando una lectura ágil, con aire de confusión. El quilombito que tienen los protagonistas en la cabeza. Como en el título, el "punchi-punchi" de la narración llevan al lector por un decurso atrapante y flashero. Lean.
Tomando como referencia ese capítulo de "Los Simpsons" en que Homero se da cuenta de que lo que él cree "la onda" ya no es "la onda", los personajes de la novela transcurren una fiesta eterna en el pasado y un presente continuo de resaca, de pensar "por qué", "para qué", el momento en que las fiestas son cada vez más cortas y las resacas largas. La profesora es la protagonista de esta rave en etapas finales, su amigo el Ninja la acompaña así como el recuerdo de una Natasha que ha desaparecido pero guarda una sorpresa. Todas las drogas, los alcoholes, la adolescencia cada vez más cerca de un recuerdo, una pareja que fracasa, querer o no querer vivir solo. A modo de amarre a la juventud, La Profesora se enamora de un pendejo de dieciocho años, Rabec, que la hace sufrir entre la pasión y el patetismo de ser "la veterana que me estoy comiendo". La vejez y la muerte rondando todo. La narración se construye desde las voces, narradores confusos e inciertos que van desde la voz interior a la voz de un ahora que marca la acción, ésto sin distinción alguna, construcciones similares a "La profesora mira por la ventana, viste que el auto se ponía en marcha" se repiten dando una lectura ágil, con aire de confusión. El quilombito que tienen los protagonistas en la cabeza. Como en el título, el "punchi-punchi" de la narración llevan al lector por un decurso atrapante y flashero. Lean.
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| "Electrónica", de Enzo Maqueira. Ed. Interzona. 2014 |
jueves, 31 de agosto de 2017
"La casa de los ecualiptus", de Luciano Lamberti
Terror de bueno, sin fisuras. En su volumen de cuentos, Luciano Lamberti aborda el terror sin ninguna barrera. Su narrativa no tiene miedo en presentar un pueblo fantasma, una pandilla de hombres perro, una chica de pueblo que sufre estigmas y demás elementos que su prosa deja caer y que, por momentos, logra esa sensación física del miedo.
Los cuentos de Lamberti se presentan cortos, con una trama clara y definida, y aparece el terror, el horror y el tránsito por lo fantástico con la misma altura, la escritura de "El asesino de chanchos" no presenta desprolijidades, se trata de una técnica muy cuidada en un género en el cual, en un momento, la técnica no fue lo más importante. En este caso los cuentos que forman "La casa de los eucaliptus" tienen un manejo magistral del lenguaje, un embellecimiento que resulta fatal en el momento de atravesar los paisajes estremecedores de cada una de las historias. Pareciera que Lamberti es un experimentado cirujano para la creación de monstruosas criaturas, especialmente las más oscuras, las que habitan en la sabiola.
Los cuentos de Lamberti se presentan cortos, con una trama clara y definida, y aparece el terror, el horror y el tránsito por lo fantástico con la misma altura, la escritura de "El asesino de chanchos" no presenta desprolijidades, se trata de una técnica muy cuidada en un género en el cual, en un momento, la técnica no fue lo más importante. En este caso los cuentos que forman "La casa de los eucaliptus" tienen un manejo magistral del lenguaje, un embellecimiento que resulta fatal en el momento de atravesar los paisajes estremecedores de cada una de las historias. Pareciera que Lamberti es un experimentado cirujano para la creación de monstruosas criaturas, especialmente las más oscuras, las que habitan en la sabiola.
| "La casa de los eucaliptus", de Luciano Lamberti. Ed. Random House. 2017 |
lunes, 28 de agosto de 2017
"La uruguaya", de Pedro Mairal
Una novela viajera. Una novela que cruza el charco. Una novela de viaje. Para leer en viaje. Una novela rioplatense. O montevideana. O recontra porteña.
Pedro Mairal pone sobre el río la pequeña odisea de Lucas, un escritor que, en una jornada, viaja a Montevideo a cobrar un par de trabajos adelantados que lo salvarán del aprieto en el que lo tiene haber pasado un tiempo de silencio. Allí se propone un escritor de idiosincrasia rioplatense que, con lo cobrado, no solamente piensa comprar algo de tiempo libre para escribir, sino que tiene una lista de pendientes que van desde devolver dinero prestado, ayudar a su mujer y arreglar nimiedades cotidianas. A esa jornada para buscar dólares en Montevideo (que además involucra temas de la política actual, de la especulación económica, del cepo cambiario) se le suma lo que, quizá, para la libido de Lucas sea lo fundamental, el encuentro con Guerra, la uruguaya.
La uruguaya apreció en la vida de Lucas en un encuentro de escritores que se hizo en Valizas, allí, en una jornada donde había calor, alcohol, porro y ese reviente tranquilo de cuarentones escritores, apareció Guerra y encendió a Lucas para todo el año. Esa vez el encuentro quedó trunco y toda la relación se ha mantenido por mails.
La uruguaya, de Mairal, mezcla lo mejor y lo más cándido del vivillo porteño, con lo más seductor y fatal de la supuesta calidez uruguaya mientras suena Rada de fondo, se almuerza en el Santa Catalina, Gustavo Espinosa es un personaje admirado. Así, entonces, Montevideo depara una serie de paraísos que, como los mejores, se volverán paraísos perdidos.
Pedro Mairal pone sobre el río la pequeña odisea de Lucas, un escritor que, en una jornada, viaja a Montevideo a cobrar un par de trabajos adelantados que lo salvarán del aprieto en el que lo tiene haber pasado un tiempo de silencio. Allí se propone un escritor de idiosincrasia rioplatense que, con lo cobrado, no solamente piensa comprar algo de tiempo libre para escribir, sino que tiene una lista de pendientes que van desde devolver dinero prestado, ayudar a su mujer y arreglar nimiedades cotidianas. A esa jornada para buscar dólares en Montevideo (que además involucra temas de la política actual, de la especulación económica, del cepo cambiario) se le suma lo que, quizá, para la libido de Lucas sea lo fundamental, el encuentro con Guerra, la uruguaya.
La uruguaya apreció en la vida de Lucas en un encuentro de escritores que se hizo en Valizas, allí, en una jornada donde había calor, alcohol, porro y ese reviente tranquilo de cuarentones escritores, apareció Guerra y encendió a Lucas para todo el año. Esa vez el encuentro quedó trunco y toda la relación se ha mantenido por mails.
La uruguaya, de Mairal, mezcla lo mejor y lo más cándido del vivillo porteño, con lo más seductor y fatal de la supuesta calidez uruguaya mientras suena Rada de fondo, se almuerza en el Santa Catalina, Gustavo Espinosa es un personaje admirado. Así, entonces, Montevideo depara una serie de paraísos que, como los mejores, se volverán paraísos perdidos.
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| "La Uruguaya", Pedro Mairal. Ed. Emecé. 2016 |
domingo, 27 de agosto de 2017
"Distancia de rescate", de Samantha Schweblin
Smantha Schweblin propone una forma sutil del miedo, una insinuación de una situación terrorífica que, en su prosa dulce y delicada, se vuelve una instancia del horror que uno atraviesa con confianza, como si alguien nos guiara con mucha seguridad por un lugar que no conocemos y que resulta un poco perturbador.
La novela se estructura en base a un diálogo que se da entre una mujer que ha llegado hace poco tiempo a un pueblo rural siguiendo el trabajo de su marido, y el hijo de su vecina más cercana, que la va guiando entre los recuerdos que estructuran la trama de la novela. El diálogo, en realidad se da en un plano de "más allá", entre la vida en recuerdos y la muerte. Entre las vecinas se produce una relación que ronda lo filo/erótico. La forastera, entonces, conoce al hijo "raro" de su vecina, quien se altera y le cuenta la historia. A partir de ese momento la novela entra en una serie de episodios que crean el paisaje nada onírico del ambiente rural, donde los agrotóxicos se han cobrado las vidas de varias familias que deciden hacer silencio y aceptar que el negocio del campo transgénico hace que los hijos de estas generaciones culposas y contaminadas por el deseo ambicioso de la riqueza, haga que su descendencia muera, o nazca con malformaciones que los acercan a monstruos.
Samantha Schweblin, entonces, arrima un aura del horror de una bucólica contaminada. Quizá su elemento más valioso sea alejar el prejuicio de que lo ominoso está en la mente atareada y alienada de las ciudades y que el campo, la naturaleza y sus bondades son pacíficos y amistosos.
En una novela corta donde aparecen secretos como pactos, personajes que podrían ser brujas, arroyos envenenados, niños monstruosos y padres que se vuelven locos, Schweblin nos recuerda que el diablo habita en todos lados y que no hay distancia de rescate.
La novela se estructura en base a un diálogo que se da entre una mujer que ha llegado hace poco tiempo a un pueblo rural siguiendo el trabajo de su marido, y el hijo de su vecina más cercana, que la va guiando entre los recuerdos que estructuran la trama de la novela. El diálogo, en realidad se da en un plano de "más allá", entre la vida en recuerdos y la muerte. Entre las vecinas se produce una relación que ronda lo filo/erótico. La forastera, entonces, conoce al hijo "raro" de su vecina, quien se altera y le cuenta la historia. A partir de ese momento la novela entra en una serie de episodios que crean el paisaje nada onírico del ambiente rural, donde los agrotóxicos se han cobrado las vidas de varias familias que deciden hacer silencio y aceptar que el negocio del campo transgénico hace que los hijos de estas generaciones culposas y contaminadas por el deseo ambicioso de la riqueza, haga que su descendencia muera, o nazca con malformaciones que los acercan a monstruos.
Samantha Schweblin, entonces, arrima un aura del horror de una bucólica contaminada. Quizá su elemento más valioso sea alejar el prejuicio de que lo ominoso está en la mente atareada y alienada de las ciudades y que el campo, la naturaleza y sus bondades son pacíficos y amistosos.
En una novela corta donde aparecen secretos como pactos, personajes que podrían ser brujas, arroyos envenenados, niños monstruosos y padres que se vuelven locos, Schweblin nos recuerda que el diablo habita en todos lados y que no hay distancia de rescate.
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| "Distancia de rescate" de Samantha Schweblin. Ed. Random House. 2014. |
domingo, 18 de junio de 2017
"La pieza", de Miguel Avero
A través de un camino pequeño entre la sombra, un haz de luz filoso y marcado, dorado sobre gris, nos vamos metiendo en "La pieza", de Miguel Avero. Un poemario sencillo, doloroso e íntimo que muestra al autor con una forma segura de acertar las palabras en el casillero justo para que formen una serie de poemas que sorprenden por lo cuidado de sus finas elecciones. Entre los tópicos medievales y el aire cotidiano que pareciera heredado de algunos poetas uruguayos como Circe Maia, Avero consigue la musicalidad del pensamiento, la rutinaria tristeza de la puerta adentro con musical intimidad. Una hendija por la cual revisamos la cama, los libros, los pensamientos, el ocio de un yo que no abre del todo la puerta, pero deja que lo miren, que sus versos sean espiados. "La pieza", de Miguel Avero, es un poemario bello de gran esgrima literaria cuidada, sentimental deporte del verso entre sábanas, el sol, despertar.
| "La pieza", de Miguel Avero. Ed. Walkie Talkie, 2016. |
domingo, 11 de junio de 2017
"Éste es el mar", de Mariana Enríquez
La damita oscura de la literatura argentina deja un poco de lado su lapicera del terror/terror, para meternos en otro mundo. Nada que no haya transitado en otros cuentos y novelas, de todas formas. Sin embargo lo hace de una manera más profunda, aunque también más sútil. No van a faltar, sin embargo, muertes, fantasmas internos, elementos de lo fantástico.
"Éste es el mar" es una novelita corta, que, en alguno de sus procesos narrativos tiene la estética de cuento alargado. Si bien la autora retoma el tópico del fanatismo brutal de lxs adolescentes ya puesto (aunque más macabro) en su cuento "Carne", aquí ese tema va por otros carriles, es accesorio útil para la misión de la protagonista, Helena, un hada que tiene como misión convertir a James, el líder de la banda Fallen, en leyenda, tal como sus compañeras hicieron con Lennon, Cobain, Morrison, etc. Estas hadas, que difieren mucho del ideal adolescente al respecto, se alimentan de la muerte de estos posibles dioses, esos ídolos que mueren en aquel momento justo que los paraliza para siempre en la historia como íconos inamovibles.
Aparece además, el talento, no cualquier muerto puede ser legendario. Helena tiene que ayudar a James antes de su conversión a estrella (su muerte mítica) ya que las canciones que escribe son horribles.
Enríquez introduce algunos códigos del pop, los mezcla con elementos fantásticos y macabros, aparece la sensualidad, la importancia de lo bello, la estética del arte, del cuerpo, del misterio que crea a las estrellas que seguimos y que seguiremos ad eternum.
| "Éste es el mar", de Mariana Enríquez. Literatura Random House. 2017 |
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