martes, 21 de febrero de 2017

Esa mujer me da miedo: entrevista a Mariana Enríquez




Impactado por la aparición de su primera novela, "Bajar es lo peor" (1994), hoy el ambiente literario argentino ya tiene el nombre de Mariana Enríquez instaladísimo como una de las grandes referentes de la narrativa actual. Heredera de los elementos alquímicos que hacen a la tradición literaria de la Argentina, sabia "traductora" de los miedos sociales, con algo del horror cercano de Stephen King y otro poco de la sombra de Alejandra Pizarnik, Enríquez ha logrado hacerse de un nombre clave para los lectores de las letras de terror. Varios de sus cuentos han circulado desde Página 12 (donde se desempeña como subeditora del suplemento Radar), y se han instalado como un zumbido oscuro con sus tramas espeluznantes por lo posible, aunque nunca faltas de un elemento fantástico que de el toque exacto para que el lector se sienta, por completo, metido en clima inquietante, que lo lo excita y lo atrae. 
Si bien se le ha conocido como una fanática y experta lectora de la literatura de vampiros, no es por allí donde caminan sus historias, sino que toman ese algo siniestro que todos tenemos y los muestran descarnado, para que, al leerla uno se pregunte cómo no pensar en que algo así podría estar esperándonos en la vereda: mujeres quemadas, adolescentes desequilibradas, niños muertos, celos, terrores íntimos que se cuelan en la consciencia colectiva, que están latentes y que Mariana Enríquez relata con maestría para sacarnos la venda y ver que, mucho de lo que nos rodea, puede ser una historia de horror. 
El año pasado se editó su libro de cuentos "Las cosas que perdimos en el fuego", que fue editado en más de veinte países, además de los de habla hispana, que le valió el premio Ciutat de Barcelona en la categoría "literatura castellana", y este año se reeditó, a través de Anagrama "Los peligros de fumar en la cama", su anterior volumen de relatos. A propósito de algunas cosas, le hacemos algunas preguntas a Mariana Enríquez.


¿Hay miedos rioplatenses que puedan diferenciarse del resto?

Si, todos los lugares tienen sus miedos particulares. Encuentro que, si llamamos “rioplatense” a Buenos Aires y Montevideo, nuestros miedos son algo melancólicos, muy fantasmales. Son ciudades lejanas, húmedas. No sé: a mi siempre me dieron bastante miedo las novelas de Larsen de Onetti, especialmente el clima gótico de El Astillero.

¿Se podría hablar de un terror/horror rioplatense como género?

Eso es otra cosa. En castellano, en general, el horror siempre se presentó en casos aislados. En escritores aislados –aunque algunos muy importantes, claro, como Quiroga; pero pensá cuánto hace de Quiroga-- o en relatos o novelas aisladas de escritores que no se dedicaron. Para que sea un género, como el cuento de fantasmas inglés, tiene que haber una tradición clara y creo que no la hay.

Así como con la muerte, ¿ha habido un tabú con el terror?

Espero que no. Algunos hechos muy espantosos de la guerra y la política suelen ser tabú, pero cada vez menos.

¿Por qué la figura femenina se vuelve tan axial en el género a lo largo de la historia?

Porque tradicionalmente la mujer fue lo vulnerable que había que proteger. Y perder a la mujer, de alguna manera, era perder la descendencia, la especie. También, casi al mismo tiempo, era la bruja, la mujer peligrosa en tratos con el Demonio, que rompía el orden masculino de la religión y el dominio. Luego, en el gótico, me parece que había un impulso sobre todo de las escritoras mujeres que escribieron el género en hablar sobre sus encierros, sus frustraciones, sus limitaciones, desde un lugar muy oscuro –que lo era--. Hoy, por toda esa historia, la mujer se ganó un lugar protagónico aunque el rol afortunadamente puede ir variando, puede ser villana, puede ser la monstrua, la brutal.

Tanto en “Los peligros de fumar en la cama”, como en “Las cosas que perdimos en el fuego”, hay una presencia política fuerte. La política ¿tiene su costado terrorífico?

Por supuesto, la política es lo que influye directamente en la vida de la gente y, especialmente en nuestros países, puede ser muy violenta. Las dictaduras, las grandes crisis, la desigualdad, todo eso es el horror.

¿Por qué el horror tiene tan presente la adolescencia como eje central? Incluso en “Los peligros” y “Las cosas que perdimos”, hay varios cuentos protagonizados por adolescentes.

No sé en general, pero en mi caso la adolescencia me parece un momento muy poderoso y muy vulnerable. El gusto por el peligro, el despertar sexual, la crueldad de cierta inconsciencia, la rebeldía e incluso cierto enamoramiento con la muerte que vienen con la edad son ideales para un relato del terror. Eso también sucede en cine.

¿Por qué escritores, del género o no, te sentís influenciada?

Stephen King, Robert Aickman, Ray Bradbury, William Faulkner, el Cortázar cuentista, Peter Straub, Rimbaud, J. G. Ballard, Neil Gaiman, Bruce Chatwin, Roberto Arlt, Manuel Puig.

¿Qué escritores de la actualidad te interesan?

En castellano, Federico Falco, Maximiliano Barrientos, Javier Calvo, María Gainza, Margarita García Robayo, Liliana Bodoc, Mariano Blatt (apenas una selección). En inglés y algún otro Laird Barron, Kelly Link, M. John Harrison, Helen Oyeyemi, Warsan Shire, John Ajvide Lindqvist, muchos más.

Para el terror, ¿el cuento o la novela?

Los dos.

Parafraseando una película clásica de asesinos en serie, ¿cuál es tu película de terror favorita? ¿Por qué?

"Mulholland Drive", de David Lynch. Porque me da miedo, sencillamente.

¿Y libro?

Cementerio de animales de Stephen King. Por el mismo motivo y además porque es extremadamente retorcido y valiente. Un libro sobre el miedo a la muerte descarado, brutal.

Cerrada la gira de “Las cosas que perdimos en el fuego” que ha sido explosiva, ¿qué proyecto literario tenés?

Falta para la gira del libro, tengo que ir a algunos lanzamientos europeos. Los próximos proyectos son una novela corta fantástica, filo juvenil, que saldrá por Random en abril y estoy escribiendo una novela. Larga. De terror. Pero no puedo decir mucho más.

lunes, 13 de febrero de 2017

Nowhere man: entrevista a Gabriel Peveroni


Periodista, escritor, conductor y productor de TV. Hace poco reseñábamos de forma antojadiza su novela "Los ojos de una ciudad china" (editada por HUM en 2016), un texto armado a manera de multivoces o multivisiones, que nos cuentan los avatares de una serie de personajes que confluyen en Shangai, una ciudad admirable y temible que crece a gritos. Entre el pasado y el futuro, entre las situaciones enredadas de europeos, sudacas y orientales, la novela se abre paso con una prosa cuidada y adictiva.
Con poesìa, mucho teatro (ya es mentada la dupla Peveroni - Dodera), y con tres novelas anteriores ("La cura", "El exilio según Nicolás" y "Tobogán blanco") en su haber, el autor logra con su último trabajo un despegue de la narrativa anterior, aunque siguiendo ciertas líneas experimentales como jugar con supuestos textos de César Aira, o la presencia de Bowie como un fantasma inevitable de una era "pop". Un licuado de la posibilidad de ficción y de la técnica narrativa hacen de "Los ojos de una ciudad china". A propósito de la novela y otras yerbas, le hacemos algunas preguntas a Gabriel Peveroni.

1)      ¿Por qué, desde su inicio en forma de obra de teatro, se te ocurrió Shangai como escenario?
De algún modo, todo empezó -lo de Shanghai- por la necesidad de elegir un lugar para continuar la serie Groenlandia-Berlín, obras teatrales que escribí y dirigió María Dodera y que comparten un cierto lenguaje poético y búsquedas estéticas. Groenlandia tiene su origen en cierta metáfora adolescente referida a Uruguay, por el frío, por el mismo huso horario. Y lo de Berlín ya era más complicado: alguna vez había escrito algún verso referido a Berlín, acaso por el muro, o por resonancias que pueden ir hasta un verso perdido de Fito Páez, de la canción "Lejos en Berlín", de la época que Fito estaba incendiado de Bukowski y Prince. En su momento me divirtió escribir sobre un lugar al que no había ido, pero del que se podía compartir incluso nostalgia, un lugar muy pesado para los que vivimos la segunda mitad del siglo XX habituados a que hubiera dos mundos... Aquella obra, que la hicimos en el Goethe y algunos la vieron como posdramática, transcurría en un aeropuerto, en tránsito, en viaje a  Berlín. Y al momento de elegir Shanghai no hubo muchas dudas: quería salir de Occidente, había una referencia a una novela que había leído de la drag-queen Miss Shangay Lily, pero sobre todo algo que me había comentado sobre Shanghai un uruguayo que vivía allá, un surfista de los 70 que soñaba con ir a Hawaii y la aventura de su vida lo llevó a vivir en Francia, en Canadá, en Bali y en determinado momento, cuando cumplió cincuenta años, se propuso vivir en un sitio con la "máxima dificultad", esas fueron sus palabras, y ese lugar era Shanghai. De algún modo, para mí significaba escribir una obra con una fuerte dificultad... y como me aterró un poco, o más bien no quise continuar el camino más corto, o sea continuar el lenguaje y personajes de Groenlandia y Berlín, pasó algo curioso y que me abrió otros caminos: decidí escribir una novela para probar personajes y luego llevarlos a otro plan de dramaturgia. Ese es el inicio de "Los ojos de una ciudad china", que en realidad es parte de un proyecto narrativo que fui haciendo sobre la marcha, que empezó en el 2010 y todavía no está terminado, y cuya primera etapa es esta.

2)      ¿Cómo fue el proceso de construcción de personajes? ¿Por qué la elección de cada uno?
Hay por lo menos tres grupos de personajes en "Los ojos de una ciudad china". Un primer grupo nuclea a los que están ligados al documental que está haciendo un equipo de televisión española en Shanghai, y esos vienen del anclaje que decidí hacer en esa ciudad china y en posibles personajes para poder empezar a escribir. No podía hacer una novela con personajes chinos, por ejemplo. Por eso elegí una serie de personajes hispanoparlantes, los que -de alguna manera- adoptaron algunas características que tomé de mi experiencia como productor periodístico en el programa Ir y Volver de Tevé Ciudad, dedicado a historias de emigrantes uruguayos. Así fueron apareciendo Igor y Brian (los que van a filmar a Shanghai) y una serie de personajes que ellos, y yo también mientras escribía, fuimos conociendo: el chileno Arturo Ledesma y su familia, por ejemplo, que es uno de los centrales. Hay otro grupo de personajes que tiene que ver con China, directamente, y son pocos, lo que los hace manejables: Xiaomei, su nieta Alaia, el japonés Akira y en ese grupo incluyo a Ziggy. Después hay otro grupo en el que pondría a los que vienen de otros lados, que tienen una prehistoria, o algo similar. Me refiero a Melina y a Joy, que aparecían en Groenlandia y en Berlín, aunque no sean exactamente los mismos. Y también agregaría en ese grupo a los "literarios", como Cesar Aira, a la investigadora de su obra Charlotte Tzara o a personajes de otras ficciones como María Zauber o el grupo de rock Los Suicidas. Hay otros personajes que no aparecen en "Los ojos de una ciudad china" pero que son centrales en la historia que se desarrolla en libros posteriores, pero eso lo dejo para más adelante. Lo que sí, al ir pensando los personajes, en una primera instancia, como materia prima o borradores de una futura obra teatral llamada Shanghai, traté de desarrollarlos con bastante precisión y cuidado, me detuve en ellos, probé escribir desde sus sensibilidades, que es un poco como se trabaja la dramaturgia de actor antes de ir a la escena.


3)      La novela está escrita en diferentes registros, ¿es un modo de “escapar” de la narrativa tradicional?
La única intencionalidad previa, que podría señalarse como no tradicional, fue la de escribir una novela fuera impublicable desde un punto de vista práctico. Me plantee una meta de dos millones de caracteres, al pensar una estructura de 365 puntos de vista, cada uno por cada día del año, de diferentes personajes, a lo largo de doce meses de diferentes años, no precisamente consecutivos. Si cada fragmento lo empecé trabajando en unos 3500 caracteres y después se me iban a 5000, el grado de obsesión y de locura era bastante alto, sobre todo si no quería perderme, naufragar, que de hecho fue lo que pasó cuando llegué al mes de julio, que es hasta donde llegué, aunque tengo terminados un par de meses posteriores. Ese vendría a ser el magma central del proyecto... y "Los ojos de una ciudad china" recoge solamente los tres primeros meses... enero, febrero y marzo, luego reeditados para que la estructura fuera más adecuada para el lector, para quitarle las costuras de hacerlo en la sucesión que utilicé en la escritura... Cada punto de vista no implica diferentes registros, o sí, porque se empezaron a sumar, por ejemplo, páginas de libros atribuidos a Cesar Aira, por ejemplo, que es uno de los mecanismos que se me ocurrieron para en primer caso divertirme y luego se volvieron esenciales al libro, porque de alguna manera hay un juego de la ficción incidiendo en lo real, por ejemplo que el personaje de un libro de Aira sea imitado por otro personaje en otro plano de la ficción. Así todo se va transformando en un juego de cajas, que muchas veces no se acomodan una dentro de otra, e incluso e intersectan. O sea, los puntos de vista, por ejemplo, suelen ser contradictorios en lo real, y eso se lleva a la novela, en la que hay cosas que se relatan de diferentes maneras según sean vistas por un personaje o en distintos tiempos.


4)      ¿Podríamos hablar de una novela Pop? ¿Por qué?
No soy la persona adecuada para etiquetar a la novela. Sé que hay quienes la señalan como una novela pop, que no sé bien lo que quiere decir, pero seguramente tenga que ver con la urgencia, con ser muy contemporánea, con utilizar elementos de la cultura pop, o bien por el hecho de cruzar reflexiones o debates muy actuales como el problema de las ciudades (la gentrificación, por ejemplo) o de la sobredosis de información o la posibilidad de la clonación. Hay algún lector que la ha colocado entre una novela de Gibson y una de Ray Loriga, otros la han leído con cierta cercanía a "Los detectives salvajes" de Bolaño en la estructura, otros la ven como una novela latinoamericana del presente... Qué se yo. Lo que sí intenté es algo que ya estaba presente en "La cura", mi primera novela, y es que si bien la estructura o el tema pueden llegar a ser complejos, las unidades de texto son absolutamente livianas y fáciles de leer. Ahí también capaz que hay un acercamiento al pop. Es una novela que siento luminosa desde su escritura y siento, por la respuesta de algunos lectores, que se torna un poco angustiante, o exasperada, no sé cuál término sería el correcto, porque yo, cuando la leí completa el año pasado, antes de publicarla, simplemente me divertí mucho y me reí de cosas que no me acordaba que había escrito.


5)      ¿Qué registros de la narrativa latinoamericana actual te interesan hoy?
Indudablemente siento muy actual, por cierto, a autores de generaciones anteriores como Bolaño, Aira, Bellatin, Noll (un brasileño que me fascina, con una tensión beckettiana increíble) y por supuesto el maestro Levrero. Ellos son mis autores favoritos en cuanto a capacidad de ficcionar, a experimentos en el lenguaje, en muchas cosas que no puedo detallar ahora. Pero en cuanto a cercanía más generacional, tengo que sumar a otros dos, que son además muy buenos amigos: el español Fernández Mallo y el chileno Fuguet, ambos por diferentes motivos. Digamos que Fernández Mallo podría inscribirse en la lista anterior, pero lo dejo afuera porque su novelística, que viene extrañamente de la poesía, está aún en construcción y espero con mucha atención cada uno de sus nuevos libros. Fuguet está en otra dimensión. Él es un gran escritor de un palo más tradicional, que juega su partido entre lo real y la ficción, en una narrativa urbana más real, más noventera, más pop. Escribió una de las mejores novelas de este siglo en nuestra lengua, que se llama "Missing" y que debería encabezar la lista de experimentos de autoficción. Y ahora acaba de sacar "Pudor", que está en otra categoría. Fuguet escribe como Easton Ellis, está despegado. Pero después, y por suerte, aparecen continuamente grandes sorpresas, como los libracos de otro chileno, Héctor Hernández Montecinos, por ejemplo, un poeta salvaje y torrencial que admiro y que sigue la línea de Zurita.

6)      ¿Y de la uruguaya?
Uruguay está en un gran momento, un momento muy fermental. Me interesan cosas muy dispares, desde los tortuosos cuentos de Kanopa al delirio marginal de Lasalt, hasta la poética libertina de tipos como Hoski. Leo mucho de lo que se produce en Uruguay y coincido con lo que ha señalado Hamed de que las nuevas generaciones tienen una producción mucho más interesante que la de generaciones anteriores. Y anoto, por supuesto, a Bentancor, a Mella, a Mardero, a Trías, y a tantos otros en esa bolsa. Eso sí, no hay que perder de vista a autores cuyas producciones siguen siendo imprescindibles, como Luis Pereira en poesía, Roberto Apratto y Horacio Verzi en narrativa, por nombrar solamente a algunos que no paran de publicar muy buenos libros. Eso sí, si me preguntás por "registros" actuales, siento una enorme empatía con Ramiro Sanchiz, especialmente con su novela "El gato y la entropía", que es uno de los libros uruguayos que más disfruté en los últimos años. Creo que, en narrativa, tanto Sanchiz como Kanopa son los dos grandes nombres de las nuevas generaciones.

7)      Pensando en “Las arañas de marte” de Espinosa, en alguna narrativa argentina actual ¿por qué la figura de Bowie se ha vuelto tan fascinante para algunos escritores?
Por supuesto que es una referencia esa novela de Espinosa en lo relativo a ese virus Bowie que anda en la vuelta, pero el flash lo tuve cuando me choqué con "El gato y la entropía", porque Sanchiz es el principal fan de Bowie, es un erudito, y en esa novela, mejor que en ninguna, se respira lo esencial de Bowie, que no es sencillamente lo musical, obviamente, ni él como personaje, que tampoco importa tanto, sino la dimensión que él provoca en los demás de poder abrir portales a otros mundos y territorios sensibles. Sanchiz opera desde una ciencia ficción glam y hace, podría llamarse así, una muy disfrutable y adictiva fan fiction de Bowie. En mi caso, tomo a Ziggy, y la posible teoría de que Ziggy vive en Shanghai y que David podría ser el medio hermano de Xiaomei, para hacer en "Los ojos de una ciudad china" otra fan fiction. Creo que, más allá de matices, varios de los que trabajan desde Bowie, lo que estamos haciendo son fan fictions. Es, por cierto, un fenómeno interesante. ¿Por qué Bowie? Porque es uno de los tipos más influyentes en la cultura pop. Y porque cualquier humano que lo vea cantando "Starman", en la grabación de  Top of The Tops, tiene que rendirse ante él. Es el más grande. Es un extraterrestre. Es el punto exacto de la androginia. Es el punto más alto y sexual del rock and roll. ¿Alcanza con esto?

8)      ¿Qué novela viene?
Vienen muchas. Porque "Los ojos de una ciudad china" es la primera de una serie y porque es un punto de inflexión respecto a las anteriores novelas que publiqué. Esta novela me abrió otra forma de entender y disfrutar la literatura y espero que esto continúe. Yendo a lo concreto, vienen por lo menos dos más que están relacionadas con este mismo proyecto. Y tengo a mitad de camino una novela en la que tomo como personaje principal a Ana Blankleider, la actriz que hizo de novia de Bukowski en "Cervezas y navajas", una obra que hicimos en el año 1991 en Juntacadáveres. Es un homenaje a Ana, es una investigación personal sobre ella y sobre una época y todo deriva obviamente en mí, por lo que me fui voluntariamente a la autoficción... culpa de devorarme todos los libros de Carrere y ahora sigo con el noruego, con Ferrante y con esa joya que te mencioné antes de Fuguet o el bien cercano librazo que se mandó Daniel Mella. Bueno, me metí en ese pantano y voy a ver cómo salgo, o bien qué libro termina saliendo de allí. No es fácil.

9)      ¿Qué le falta a la literatura actual en nuestro país?
 Esa respuesta te la debo. Pero una de las cosas que puede que falten es ambición, o bien lanzarse al vacío. Y en ese sentido, tengo la mayor admiración y respeto por Carlos Reherman, por ejemplo, que se mandó esa gran novela llamada "Dodecamerón". Tengo una deuda con él, porque cuando la leí sentí algo similar a "qué bueno que un uruguayo, alguien a quien conozca, pueda mandarse esta desmesura, esta cosa excesiva", que por cierto disfruté mucho leyéndola. Y fue, nobleza obliga, uno de los disparadores para largarme a escribir el proyecto Shanghai, a meterme en una ciudad a la que nunca visité pero que conozco en muchos de sus íntimos detalles. Todavía no fui a Shanghai, pero tengo la sensación de que me pasará algo similar a lo que me pasó con Berlín, que me pareció la mejor ciudad del planeta y sentí que no le había errado en nada cuando la utilicé como musa de una obra de teatro. Una obra que además tenía una canción muy especial, de mi amigo Maxi Angelieri... que dicho sea de paso fue el segundo lector de "Los ojos de una ciudad china".

miércoles, 8 de febrero de 2017

"Provinciano", de Apegé

Llevar a cabo un ejercicio de “flaneur” en la actual ciudad de Buenos Aires debe ser arduo, complejo, cansador, oscuro. La ciudad porteña es desordenada y multicolor, es una explosión de sensaciones invasivas, y lograr que los ojos se entrenen para la observación delicada y aguda puede resultar un ejercicio digno de la poesía o la locura. Podemos decir, también, que si el ojo es poeta y loco, la ciudad es un infinito puerto de historias. Para Apegé, ir por ahí afanando historias y contando todo, se hace una sangría de narraciones que atraviesan el dolor, el absurdo, lo bello y la vida.  “Provinciano” es una serie de relatos donde lo literario es la excusa para la crónica. La narrativa de Apegé deja un importante lugar para pintar qué nos pasa mientras el tiempo nos atraviesa, mientras la época aprieta a la gente en este punto del Río de la Plata.
El libro tiene un hilo inicial, que es la llegada de un uruguayo a Buenos Aires, una voz narrativa que nos va a ir llevando de la mano por las guerras de alguien que se mete en la ciudad –desafiante y fiera- para buscar algo, para perseguir un destino diferente entre las letras, para ir atrás de un “qué se yo” que, al final, se convierte en la posibilidad de tomar fotos de cada una de las situaciones que van apareciendo, como la humedad entre las baldosas de una Reina del Plata que tiene poco de noble porque tiene muchísimo de humana, de niña, de rea.
El autor escribe y describe cómo se hace para fundar una ciudad a partir de la mirada, y si bien las construcciones están hechas desde el “yo”, no se trata de un narrador que simplemente habla de sí mismo, sino que, al contrario, se trata de la aparición de los demás. El otro es, en verdad, el centro de las crónicas y los relatos que componen “Provinciano”. No se trata de una visión hacia adentro, no hay un lenguaje del ego, más bien el narrador pone su cuerpo para que sean los otros los que tengan vida, esa primera persona es el vehículo por el cual el lector se comunica con una otredad. Es decir, Apegé pone su “yo” para que seamos otros los que vivamos en Buenos Aires, para que conozcamos la ciudad de noche, para que nos arrimemos a la soledad de alguien que está rodeado de gente incompleta, de lenguas y cuerpos que no son. Por subalternos, por alienados, por snobs, por imbéciles o por víctimas de una maquinaria perversa, los personajes que “Provinciano” contiene son seres sin voz; el inmigrante, el puto, la yira, el linyera, el hípster que se mira sólo a sí mismo, la clase intelectualoide que repite lo que oye, todos son uno en el mundo del texto ya que nadie se hace de una voz propia, ninguno puede construirse o pensarse a sí mismo, están partidos, y eso los llena de soledad, la misma soledad del narrador, que tampoco cede su voz. No presta el lenguaje para que nos hablen los otros, más bien los construye para los lectores, y es que ese observador que Apegé nos propone no puede dar la voz, porque quizá, en la bruma de lo desconocida, es lo único que tiene.
Aparece la ciudad, aparece la noche, aparecen los dramas del solitario, aparecen los personajes de una cosmopolita ocre, como anochecida, que se dan de cara contra todo eso; el amor frustrado, el deseo mancado, el sexo que no importa nada –o importa todo-, la posibilidad de ir armándose en medio de un lugar y un tiempo crueles.
El libro conmueve desde muchos lados, el lector ve con los ojos del autor y logra identificarse en cada uno de los conflictos irresolubles, porque eso sí queda claro; la tristeza no tiene solución.
Hay, en “Provinciano”, alguien que nos pone cara a cara con lo que ve, que nos comparte sus percepciones, que nos presta sus visiones, que nos hace ir por la noche, por la mañana, por lo gris, por lo erótico, por todo aquello que está con nosotros y a veces, se nos escapa. En este escritor del “yo” no tenemos un selfie-selfish, tenemos a alguien que, con generosidad poética, nos da la mano y nos convida a que veamos mejor, a que conozcamos, a que nos enteremos y a que entendamos, también, que todo eso está dicho y dibujado por alguien que, como todos, quiere ser querido, con la lengua en pelotas y la voz honesta.

"Provinciano", de Apegé. El 8vo loco Ediciones. 2016

domingo, 5 de febrero de 2017

Tres poetas: Pini, Ojeda, Rosales

Dentro de los libros de poesía que he leído últimamente, encuentro, especialmente estos tres, de tres poetas rioplatenses que, con reminiscencias de río, de tango, de ciudad, proponen tres visiones distintas de una "épica", la de un país, la de los barrios, o la pequeña que se libra adentro de las puertas de la piel.



1) "Boliche sin cristo", de Mariano Pini

Dueño de una estética oscura, Pini nos adentra en las penumbras de este universal boliche de barrio para que nos perdamos entre sus mesas y aparezcamos en Buenos Aires, en Montevideo, en las puertas de una psicodelia bandoneonera. Desde los gérmenes del vino, las voces poéticas del libro van guiando y creando un mundo con tripas. Pareciera que todo está bellamente roto en la poética que presenta el autor en su "boliche". La presencia de bares donde la vida de los hombres se construye con la poesía, el aroma del tango, la luz que molesta, las mujeres inalcanzables, todos dueños de heridas que los hacen deambular entre los versos de un libro consistente, fuerte, dramático, como la música de un boliche oscuro del puerto.

2) "Toda sombra me es grata", de Álvaro Ojeda

Álvaro Ojeda construye la épica de un país parecido a este entre la mitología griega el ideario platense. Un libro concreto y complejo que, en la diversas partes que lo componen pareciera lograr un lenguaje propio y distinto, atado por un hilo de estética muy marcado que, ya a esta hora, se vuelve una firma de las construcciones poéticas que hacen a la literatura del autor tanto en su poesía como en sus novelas. Entre la décima y el verso libre, entre las figuras del tango o la orquesta típica, aparecen los corajes, el ethos, de unos héroes errantes que, quizá, aparecieron en Montevideo. Se trata de Troya en la esquina de tu casa. Se construye un país dulce que, entre la tristeza y la ternura, se va agrisando cada vez más.

3) "Hilos de agua", de Raimundo Rosales

Ésta vez, la poesía de Rosales se aleja de la línea de su libro anterior, "La Palabra También", y se adentra en las tramas de lo íntimo. Delicado y profundo, el camino que recorren estos "Hilos de agua" llevan al lector por la red secreta de las venas de un "yo" poético que se pregunta, que observa, que se acerca al amor, pero sobre todo, a la profundidad inextricable de la muerte. Con una luminosidad dada por el cuidado del lenguaje, el autor logra que cada verso ocupe el lugar justo para un pensamiento o para un asombro. Un trabajo fino, palabras cosidas con hilos de agua, el agua y su simbolismo ocupan el libro, empapan al lector y lo atan a a la belleza de pensarse.

domingo, 29 de enero de 2017

Escanlar visto por Fuguet: "Todo no es suficiente"

La vida de Gustavo Escanlar en las palabras de Fuguet, ciertamente, resulta bastante más entretenida que muchas de las novelas que ha sacado Alfaguara últimamente. Y es que, visto por un narrador sin fisuras como ya se ha formado el chileno, Escanlar resurge como un personaje fascinante, como la merca que tanto amaba, destructivo y adictivo. Si bien Fuguet, por momentos, sobreactúa esa condición "naif" de no saber que su investigado fuera un tipo duro, controvertido y tan manyado en Uruguay (todo el tiempo pareciera horrorizarse de que la gente le diga que era un zarpado, un sorete, un facho, un ridículo, un genio irremediable, siendo que lo conocía y en el texto hablan de su relación nacida de lo literario), aparece un retrato muy atrapante, no solo por el mismo periodista yorugua, fallecido en 2010, sino, también por la forma en que Fuguet logra llevar ese pastiche de testimonios y esas impresiones que le van dejando cada uno de los supuestos descubrimientos. La vida del mediático, así como el texto, dejan ver la pacatería uruguaya, la forma en que la sobreexposición puede comerse a alguien, la envidia de algunos que lo odiaron deseando, en el fondo, estar donde él estaba, y la tibieza de la mayoría de los participantes que aparecen anónimos con frases como "no me podés citar eh", "mejor no estar asociado a nada que tenga que ver con Escanlar", "tengo familia, ¿entendés?".
Autor de cuentos y novelas de muy lograda prosa (aunque tampoco para tirar ningún cohete), Gustavo Escanlar llevó una vida digna de material fílmico, y es que si hay algo que se deja ver, es que se trataba de un ser indescifrable. Si bien uno pudiera encasillarlo en algún adjetivo que tuviera a mano, lo bravo es que todos le quedarían bien excepto el de "mesurado". "Todo no es suficiente (la corta, intensa y sobreexpuesta vida de Gustavo Escanlar)" es un retrato impactante y una manera de mostrar la narrativa biográfica de modo apasionante. Sea como sea, Fuguet lo logra. Lo único que no logró, fue que el texto se editara en Uruguay. Los uruguayos tenemos ese qué se yo, ¿viste?

"Todo no es suficiente (la corta, intensa y sobreexpuesta vida de Gustavo Escanlar)", de Alberto Fuguet. Alfaguara. 2015

sábado, 28 de enero de 2017

De crónicas: Fernando Noy y Mariana Enríquez

1) "Alguien camina sobre tu tumba", de Mariana Enríquez

Salido en 2014, en "Alguien camina sobre tu tumba", la tremenda Mariana Enríquez, entra en el campo de la "no ficción" para contarnos su camino por las entrañas de los cementerios que ha visitado. Con notable avidez, la autora de "Bajar es lo peor" nos cuenta sus visitas a algunos cementerios del mundo, allí, con su prosa sencilla e intrigante, narra destalles entre escalofriantes y atractivos de cada uno de los camposantos que ha profanado con su mirada impúdica de revolver la muerte. Desde el cementerio de la Isla Martín García, pasando por catacumbas europeas, hasta su paso por las tumbas mejicanas, Enríquez no se detiene en decirnos quién está y qué hizo en vida, sino qué aire se respira, qué colores tiñen el descanso, qué cielo cubre la tierra que nos traga. No solamente la extrañeza pasan por la tinta de "Alguien camina sobre tu tumba", también el absurdo de robar huesos durante el desmayo de uno de los turistas del grupo, o la emoción del entierro de Marta Taboada, una detenida desaparecida, en un gesto donde tener una tumba significa un universo nuevo. Si alguien me ve como ve la autora, quiero que caminen mucho sobre mi tumba.

"Alguien camina sobre tu tumba", de Mariana Enríquez. Ed. Galerna. 2014
2) "Historias del under", de Fernando Noy

Del 2015 es "Historias del under", una serie de crónicas de los años 80 y 90 escritas por el detodísimo, pero más que nada poeta, Fernando Noy. Cronista y protagonista de la movida argentina postdictadura, el bardo porteño narra las desventuras de una juventud en sótanos inmundos creando una belleza violenta sin retorno. Nombres fundamentales del arte argentino contemporáneo tuvieron su origen en las penumbras húmedas del Parakultural, o en el escenario lisérgico de Cemento. La pluma de Noy atraviesa las gargantas de Alejandro Urdapilleta, la memoria de Batato Barea, las risas de las Gambas al Ajillo, las visiones de los omares, Omar Viola y Omar Chabán. Devenido de un programa televisivo transmitido originalmente por Canal (á), Noy no solo presta sus ojos, sino que deja hablar a los protagonistas quienes cuentan qué es el underground, qué papel tuvo en la historia, de dónde viene, por qué tanta bella locura. El autor, además, logra despojarse de sí mismo y se pone como personaje, se trata de una ficción de la "no ficción" presentada para la epopeya del arte subterráneo. En este libro, los relatos que junta Noy dan cuenta de la esencia más del artista, sus raíces de asfalto en el tiempo. 

"Historias del under", de Fernando Noy. Reservoir Books. 2015.


martes, 24 de enero de 2017

"Azar", de Jorge Alastra

Se puede leer un disco, sabelo, y "Azar", el nuevo disco de Jorge Alastra es muy fácil de leer.
En su cuarto trabajo solista, el cantautor uruguayo propone un momento breve de bellas canciones, pequeñas e íntimas que demuestran un intenso poder creador que, por sencillo, no deja de ser tremendamente complejo. Letras concisas, de poéticas profundas, se juntan con melodías y armonías muy arduas. Alastra no solamente muestra el dominio de una gran calidad compositiva, sino que, como ya ha hecho, se muestra como un virtuoso de la guitarra, capaz de mezclar en una canción la herencia de Carlevaro y la de Jaime Roos en "Candombe del 31". Hay un gran reconocimiento de la tradición uruguaya pegado en las canciones; hay Osiris, hay Jaime, hay Viglietti, hay Mateo, pero sobre todo hay mucho Alastra. Se consolida con "Azar", el estilo propio del autor. Luego de su último disco, "Tres", donde hay un pop-folk de logrados arreglos y gran producción, el guitarrista y compositor vuelve a la base fundamental de voz y guitarra, aunque contando con un gran seleccionado de músicos y cantantes invitados, que también hacen, y muy bien, al disco.
Entre las diez canciones (contando el "bonus") que componen "Azar" se destacan; "La cerrazón", dedicada a Walter White, el personaje principal de "Breaking bad", "Milonga de equis", con la voz invitada de Daniel Magnone, gran cantante que pone un sello de hit a las canciones que pasa por su boca, "Hacia el Ayuí", que, como cierre del disco destrona a todas las canciones previamente compuestas a José Artigas y se presenta como la más hermosa de ellas, con sombría presencia. Y, finalmente, "Las cosas verdaderas", simplemente una enorme canción (vidala) de amor.
El arte del disco, a cargo de  Gustavo "Maca" Wojciechowski, lo transforma en un precioso objeto.
Alto disco. Oíd, mortales.

"Azar", de Jorge Alastra. Perro Andaluz. 2017